“Belleza Cruel”, Ángela Figuera Aymerich

“Quiero cruzar alegre entre la gente
sin que me cause miedo la mirada
de los que labran tierra golpe a golpe,
de los que roen tiempo palmo a palmo,
de los que llenan pozos gota a gota.”

‘Belleza cruel’.

Una mujer en la Generación del 50

Ella, no está en los libros de texto y tampoco en el temario del Grado en Lengua y Literatura Española, su voz está callada, incluso por los profesores que promulgan a autores coetáneos como León Felipe o Ángel Valente. Ella es Ángela Figuera Aymerich (1902-1984), una figura necesaria para los lectores de poesía que buscan reconocer a esa España sedienta de justicia, a esa España que se quedó durante los años más jodidos y que ahora está más presente que nunca.

En esta ocasión, aunque he leído otros poemas recogidos por el poeta y crítico Héctor Castilla en su blog, he tomado como referencia la lectura completa de su poemario Belleza Cruel. ¿Y quién es? Una poeta que se quedó para ver lo peor del hombre, luchando con su voz comprometida, y recibiendo en parte la indiferencia de aquellos que se exiliaron, y en parte, su respeto, al recibir el elogio por escribir un poemario “subversivo” que fue distribuido en el extranjero y bajo cuerda en España. Ángela Figuera es esa mujer que canta a la justicia, al obrero, a la mujer, a sí misma y rompe el versículo de la Biblia y las oraciones para crear una oración del pueblo y para el pueblo, que cuestione los preceptos político-religiosos que justifican el puño de hierro.

Abel ofrecería sacrificios
con manos de Caín sucias de tierra
y una ligera sombra de pecado
haría más humana su sonrisa.
Mas nada pude hacer. Surgió la muerte.
Clamé hacia Dios. Clamé. Pero fue en vano.
Caín y Abel parí. Parí la GUERRA.

‘Guerra’, sección Caso acusativo.

No <<escondas>> libertad bajo tu almohada

Seré madre y duelo, seré oposición y lágrima. Hoy el conflicto crece en mí y fuera resuenan las bombas en el pecho de los hombres, se amenaza la libertad y se encarcela nuestro único límite: el cielo. Así definiría en cuatro líneas lo que sentí en los primeros versos de Ángela, descubriéndola por casualidad.

Este poemario abre con unas palabras de su hijo, y posee diferentes notas aclaratorias que dejan claro que el silenciar a los autores de este momento, no los desactualiza. Nos muestran su amistad con León Felipe, la valentía de una mujer que con 60 años rompió los esquemas de los jóvenes que empezaban a tener éxito y lloraron al sentir su verso experiencial.

Vital abre con ese deseo de querer dormir tranquila, de tener la alegría por bandera, derivando en el pesimismo de ser consciente de su alrededor, del miedo, del hambre, pidiendo perdón por hallar la belleza en lo natural dentro de la represión. Así, se despierta una mujer al primer llanto de un ‘Niño con rosas’, un pequeño con dos flores por ojos para ver el mundo sin dolor, para traer la primavera al hogar correcto.

Después, viene ese ‘Miedo’ y la voz poética suplica al Señor que guarde sus ángeles, pues no sufren la lujuria y son fieles, no cuestionan y no juzgan: Si un día, al despertarme,/ lo viera intacto y fúlgido a los pies de mi cama,/ yo carne castigada, llorosa podredumbre,/ pecado repetido hacia la muerte,/ tendría que clavarme las uñas en los ojos. Y después, llega ‘El cielo’, que no se ve desde el encierro, que no es tan bello ni tan sano tras los muros de la sinrazón, el cielo es sobre todo libertad.

Tras un camino exasperado, se abre la sección ‘Caso acusativo’, donde hay poemas que reclaman a gritos la justicia social con versos como los de ‘Si no has muerto un instante’ (si no has sentido nunca tus manos desolladas, / cuando un hombre concluye su jornada en la mina;/ si no has agonizado cualquier noche sin sueño/ en la sala de un blanco pabellón de incurables…), o mis favoritos, incluidos en Libertad’ (Si observas la conducta conveniente,/ podrás decir palabras permitidas: /invierno, luz, hispanidad, sombrero…).

Con mucha sangre en el tintero, aparece una ‘Carta abierta’ al mismísimo Jesús de Nazareth, desde la voz de un tal Segundo López, para que vuelva a la carpintería y a lo manual, para que reconozca al obrero, para que habla del reparto, para que sea quién se nos enseñó y no la figura pervertida en que se ha convertido. Y llegamos a la ‘Justicia de los ángeles’, un canto a las madres, a todas las mujeres de cualquier condición, a la tristeza de las cadenas heteropatriarcales, a los hombres y a los pecadores que mueren sin honores, para recordarles a los ángeles y a la cruz que todos somos de carne y hueso. Entonces, en el final, reaparece España con su belleza cruel, para equilibrar ese perdón que no sale de la boca de la poeta, pero que sabe reconocer su privilegio:

Con los ojos cerrados,
con los puños cerrados, con la boca
cerrada, España, canto tu belleza.
Y con la pluma ardiendo y con la pluma
loca de amor rabioso canto y firmo.

‘Canto rabioso de amor a España en su belleza’.
Datos de edición

‘Belleza Cruel’ está disponible en la Editorial Torremozas, una editorial dedicada a la recuperación de los textos de las mujeres silenciadas u olvidadas, cuyo legado ha de ponerse en valor y devolver a las aulas, a la vida y a las propias mujeres que se sienten maltratadas por la Historia de la Literatura. Su poesía completa se puede encontrar en Editorial Hiperión.

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