Residiendo en el “Corazón Inmueble” de David G. Lago

“Si me emborracho

del exceso de ti,

ya dormiré”.

Las resacas posibles.

David G. Lago, el poeta prolífico

Nacido en 1981, este cordobés empieza su andadura poética allá por 2016 y sigue produciendo hasta 2019 de manera incansable. Su primeras publicaciones tienen títulos tan llamativos como 33 reflexiones que Cristo haría en mi lugar y Satán es un canalla despeinado, salpicadas en sus títulos y su irreverencia de la contraposición entre lo divino y lo pecaminoso. Su voz crítica baja de la Creación para adentrarse en lo mundano con el poemario Corazón inmueble, cuya segunda edición ampliada llega de la mano de Lastura Ediciones, casi de forma simultánea a su última publicación Animalicémonos en Boria Ediciones, donde pretende recordarle al ser humano su dimensión instintiva y la pérdida de conciencia sobre lo que nos rodea. En parte, Corazón inmueble ya presagia este último, pues son muchas las referencias animales durante la observación de la amada, además, que su primera parte ya nos lleva a un ‘amor animal’.

¿El loco amor o un loco enamorado?

Se vende corazón para entrar a vivir nos dice en el poema que sirve como prefacio, como declaración de intenciones. El boom inmobiliario se traslada a algo tan mundano como el amor, podemos ver su descripción, imaginarnos las fotos: las del corazón de un yo-poético que nos da la llave. Sin más, pasamos a ser esa “musa” a la que el poeta observa detenidamente para inspirarse. Cada una de las campañas que lo componen se abren con una definición, como si de un diccionario de comportamientos o de arrebatos se tratase, mientras el amor pasa por sus distintas etapas.

En ‘Amor animal’ vemos a esa ‘persona de comportamiento instintivo’, un hombre que no pondrá una venda en su boca para expresar su deseo. Lo que espero de ti es la primera declaración de intenciones, sin palabras conmovedoras, sino con versos contundentes que pretenden levantar en la amada los más abisales instintos: “estudié tus peligrosas/ características selváticas/ he leído a fondo/ tu manual de instrucciones”. Prosigue con una suerte de soneto en el que busca ese lugar perfecto del cuerpo de la amada, descubriendo su nido en la “esencia”: “quiero tu aroma, el aire que regalas,/decorosa fragancia que respiro/ con el vibrante aliento que me exhalas”. Y más tarde, en ese caminar del amor irreflexivo casi principiante se conjuga con la amada, la necesita sin adornos, la necesita para dar al mundo color; llegando después a ese escondite, a la torre donde ella segura aún no lo quiere dejar entrar: “ya no será necesaria ninguna defensa./ No habrá enemigos/ ni pesadillas[…]”.

El caballero se despeja de este primer ardor y aparece la sección ‘De barcas y trincheras’, una imagen desolada que anuncia una travesía y una defensa. En Si fui yo se confiesa culpable de haber nacido de su costilla, de necesitar ser quién construya un altar para ella, porque ella es un faro al que ha de seguir. Y una vez en puerto, en el muelle de la orilla, halla la trinchera en Interior intimista, poema adornado con una bella ilustración, donde la tentación está servida en una habitación que no es celestial ni infernal, donde “hay un surtido de demonios/ camuflados en rincones/ que no suponen ninguna amenaza”, pero que son los encargados de mantener el rincón para el amor y la pasión, protegido por los dos que conforman el binomio.

Siguen y siguen las declaraciones, las invitaciones, el devenir de los sentimientos, se mece la barca y las metrallas amenazan los sacos y la arena. Sin embargo, el corazón de la voz poética se rasga y los sacos dejan su rastro en ‘Versos de trapo’, la última campaña. Ofrece su corazón por última vez en Pasado de moda, como la exhalación del último grito, advierte de la insensatez a su interlocutora con cuestiones banales; o nos advierte en Pudor de que el frío podrá con su desnudez, si ella no está no hay calor. Y entre todo el dolorido sentir de este loco enamorado, nos insta a lavar las sábanas una vez por semana, pues su renovación renovará nuestra esencia, dejándonos preparados para un nuevo asalto, donde como dice el poema anterior, habremos perdido la inocencia en la mirada y el pensamiento, en los actos, aunque sigamos con la “nada en los bolsillos, no todo está perdido”.

Datos de edición

Corazón inmueble (2018-2019) pertenece a la colección de poesía Alcalima de Lastura Ediciones, la reseñada aquí es su segunda edición ampliada, la cual cuenta con poemas traducidos al francés de Miguel Ángel Real, unas bellas ilustraciones de Marlem Cantón y nuevos poemas que se añadían a la primera versión y que están indicados con un asterisco. Su prólogo recorre las diferentes fases de creación del poeta y está escrito por Jesús Feliciano Castro Lago que eleva al poeta a una suerte de Petrarca del siglo XXI.

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