Retazos #3: El espectador en el “Plano Detalle”

Andar lentamente hasta llegar al cine, comprar la entrada y lanzarnos al interior de la sala a vivir una aventura, a correr riesgos y a disfrutar de los planos que nos hacen cuestionarnos nuestra propia perspectiva del mundo. De esta idea podemos partir para empezar a leer el Plano detalle del poeta murciano Daniel Buendía, que repite publicación con la editorial sevillana Ediciones en Huida. Nos movemos dentro de la multiplicidad de un poeta filmógrafo, o de un lector-espectador que se hace protagonista en las escenas, según saltamos de poema en poema. En cualquier caso, no hay una introducción, un desarrollo y una conclusión, sino dos partes: una marcada estrictamente por el cine, introducida por citas de Karmelo C. Irribaren y de Orson Welles; y por otro lado, una miscelánea de poemas que se mueven entre los temas a los que siempre vuelve la poesía, precedido por las palabras de Jean-Luc Godard.

Al movernos por la cartelera que nos ofrece, la voz poética se nos perfila en su “multiplicidad” en poemas como El increíble hombre menguante, donde el peso cae sobre sus hombros y las miradas, y la solución es hacer cara a las responsabilidades hasta que nos engulle la reconversión en recuerdo: Ser testigo de lo inconcebible / asomarme a los abismos / de lo subatómico. Nos colamos en otra sesión y al visionar el Otro film de Ken Loach, acariciamos la idea de una escena rodada en un barrio cualquiera, donde nos sorprende el hastío de no encontrar lo que el pasado nos recuerda y ver cómo se erige la perdición: Un pecio sometido/ expoliado. / Los restos del naufragio./ Apuestas Nosequé/ donde antes estaba el bar de Paco.

Daniel tiene la habilidad, sin duda, de que nos asomemos al realismo social y, en igual medida, a la ficción. Porque el cine es un escape y a la vez debe ser un arte que nos asome al precipicio de la realidad para cuestionarnos quiénes somos y hacia donde va la deriva de la sociedad. Sin desvelar más, salimos de la sala del cine y recorremos las calles de la ciudad, por ejemplo, cuando observamos a esos chavales que aún no saben cómo sera su futuro en El soviet de Petrogrado: “Cuatro chavales/ con más hambre/ que la orilla de un río/ y tinta en la piel/ para dos Ilíadas/ haciendo su revolución/ entre frases hechas / y eslóganes de neón”. O en Ahora todo es kafkiano, donde reflexiona sobre la actividad del poeta, volviendo a la imagen del hambre y a darnos otro puñetazo en el mentón, como hace en casi todo el poemario.

El poeta tiene línea directa con Dios.
El poeta arroja luz sobre los cuartos
más oscuros de la condición humana.
El poeta mueve Roma con Santiago
por lo vaporoso, por lo nimio
y lo hace centro de mesa.
El poeta medra en las mentes de los hombres.
El poeta se come las mentes de los hombres.
El poeta vomita las mentes de los hombres
y las enmarca.
El poeta es la primera sangre
de los barbechos crepusculares.
El poeta domina desde el centro del ring.
El poeta cena en vaso.
El poeta tiene más hambre
que profundidad de campo.
El poeta habla de las hormigas
y usa el plural mayestático.

Daniel Buendía.

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