“Restaurar los lazos del dolor”, una lectura de Tatiana Tîbuleac.

“[…] La enteré volcando sobre ella puñados de conchas pequeñas hasta que en su lugar apareció un cúmulo nacarado, como una ola petrificada que hablaba y asustaba a las gaviotas. Esta ola con relleno de madre era increíblemente bonita y emanaba una luz multicolor, como un arcoíris a punto de morir. Arcoíris moribundo fue el tercer cuadro y no lo venderé jamás […]”.

Página 175, El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes.

¿Quién es Tatiana Tîbuleac?

Tatiana Tîbuleac (1978) es una narradora y comunicadora moldava, nacida en Chisinau, cuya obra aún es breve, pero que emana una gran fuerza. El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes (traducción de Marian Ochoa de Eribe) es su primera novela traducida al castellano, llegando a España en 2019 de la mano de la editorial Impedimenta, pero que en 2016 ya le valió el halago de la crítica literaria, así como el premio otorgado por la Unión de escritores Moldavos, entre otros reconocimientos. En su breve carrera literaria ha publicado una colección de relatos titulada Fábulas Modernas (2014) y una segunda novela Jardín de vidrio (2018).

El prisma multiforme del amor filial en ‘El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes’

Hay mucho miedo en los ojos de Aleksy, hay noticias que lo cambian todo, incluso cuando parecía que el odio seguiría creciendo y la vida no podía ir peor -según se mire-. Aquel verano en que él renunció a irse a Ámsterdam con sus amigos, también renunció a una rabia que bullía dentro de sí y fue con su madre a un pueblo de Francia, a pasar su último verano.

Así es como el cáncer opera, transformando la personalidad de una madre cruel y ausente, que no soportó la pérdida de su hija y cuyo gran amor nunca llegó a puerto. En esta familia desestructurada, el padre nunca estuvo acertado, por lo que Aleksy desarrolló un trastorno de ira destructivo que nos hace perdernos en las primeras páginas del libro, cuando el rencor y la falta de compasión constituyen el núcleo del relato inicial.

En esta ocasión, el narratario de la historia es el psiquiatra del protagonista ya convertido en un famoso pintor, que requiere conocer la vida de este detalladamente y el origen de sus traumas. Tatiana nos acerca a un espejo donde los trastornos relacionados con la salud mental siguen siendo un estigma social, pero que Aleksy nos expone mediante el proceso más humano: el recuerdo. El recuerdo que no sigue un orden, un día se vuelve a atrás, otro día hablamos del presente.

En este juego de tiempos, nos vamos haciendo conscientes de la importancia que tiene el concepto de determinismo dentro de la novela, pues el protagonista cree que sus raíces, el barrio donde ha crecido y su situación afectivo-familiar han sido el germen para su mal, el caldo de cultivo que lo ha convertido e una persona aquejada por la depresión y la ira. Siempre con un lenguaje poético, el protagonista realiza un ritual catártico que despliega hacia la primera mitad un tono más violento y vulgar que puede resultarnos incómodo y, a la vez, nos hace comprender el caos que vive dentro de sí. Un caos que conforme se va ordenando deja paso a un lenguaje más cercano y lírico, marcado por la restauración de los lazos, por la aceptación de la pérdida en todos los sentidos. Es, en ese momento, cuando Aleksy se da el gusto de “querer” a su manera a la madre, a la que ahora mira a los ojos y la ve bella, débil y amorosa, es cuando la redención abre su corazón y su vista al paisaje, a los otros, aunque el dolor nunca se para.

Nos encontramos, por tanto, ante una novela que propone una lectura compleja y abierta, no sólo por su lenguaje que equilibra lo duro con lo poético, sino por la hibridación de géneros que introduce en sí, al ser una especie de confesión o diario desde la perspectiva de su protagonista. En ella, nos hallamos viviendo otra vida, recuerdos casi cinematográficos y primeros planos que son como puñetazos y que pueden sacarnos lágrimas o sonrisas, que nos devuelven al lugar donde encontramos la paz y aceptamos que hay cosas siempre por mejorar, sean los lazos que nos envuelven o nuestra propia salud; porque mientras leemos el diario de Aleksy, vemos y comprendemos sus cuadros aún sin que estos existan.

Editorial Impedimenta

Editorial Impedimenta se funda en 2007 en Madrid con el firme propósito de traer obras imprescindibles de la literatura clásica y contemporánea al castellano de las más variadas procedencias pues, entre sus títulos, cuenta con autores como Mircea Cărtărescu o Natsume Sōseki. Por lo que es indiscutible su labor de difusión cultural que les han valido premios como el Premi Libeter (2008) por la publicación de uno de los mencionados, o reconocimientos al poco de empezar su trayectoria como el Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural, junto a las editoriales del Grupo Contexto.

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