"Siempre seremos extranjeros": Ababol 21 de marzo

‘Las crisis son el virus que todo lo transforma’

En esta centuria de epidemias víricas y sociales, todo lo que hemos conocido está sujeto a su desaparición o una deconstrucción absoluta, que nos acerca cada vez más a la deshumanización y, por ende, a la automatización de comportamientos que nos dirigen al servilismo y al egoísmo. Cristina Morano nos trae en ‘No volverás a hablar nuestra lengua’ un poema de no-ficción que parte de un hecho, ahora de nuevo cercano, la llegada del virus del ébola que se unió a la fuerte recesión económica que ya veníamos sufriendo.

Dentro de este complejo marco, distinguimos dos voces poéticas y un ladrido, sí, el del perro Excálibur, uno de los daños colaterales de la enfermedad que ladró triste desde su balcón. Las dos voces que se entrecruzan con el ser inocente, no son otras que la del yo-lírico que tímidamente se desliza irónica y como una interferencia sobre la voz mecanizada de los noticieros y de nuestra propia cabeza, cuando el colapso se ha adueñado de nosotros. ¿Nos hemos vuelto un híbrido?

Caminando a su paso, nos cruzamos con las Santas, las que cuidan, las que no claman, las que no tienen miedo a contraer el virus, las que aman a su animal: “porque ella mestiza extranjera, mitad virus, mitad humano moderno he leído a los situacionistas y ha superado la fiebre africana”. Al conocer a la primera, ya no te reconoces, estás en modo piloto y te parece que la subnormal, la cuidadora y la enfermera, son las que desafían al sistema, las columnas que sostienen la verdadera humanidad.

Mientras otros muchos dolores azotan a la sociedad y el virus solo es un simulacro de lo que vendrá después, una prueba de fuerza impuesta por el poder, Cristina Morano pretende hacernos ver el mundo desde la visión de una impostura de Ellen Ripley, convertida en el híbrido de alienígena y humano, que llena las ilustraciones realizadas por José Óscar López, con el fin de qué nos cuestionemos cuál es nuestra lengua y si esta es nuestra nacionalidad.

Todo se rompe, la corrección de la rima y el ritmo o la imagen poética habitual, en favor de una escalada por los márgenes, donde el estilo del lenguaje nos lleva a una realidad dominada por la circunstancia, alejándonos de los discursos impuestos por otros, en busca de una nueva lengua que exprese nuestra nueva condición. Quien entra en este poema, puede ser cosificado como el perro o la cierva, o liberarse de la corrección política para expresarse tal y como es, un ser humano rodeado y lleno de interferencias capaz de ver con visión crítica todo lo que nos ocurre desde el balcón, caminando sin miedo entre los enfermos.

Texto publicado en el suplemento Ababol (La Verdad de Murcia).

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