Retazos #4: Los ‘Ríos de carretera’ de Paula Díaz Altozano

[...] Corred, 
sentid la víspera en el rostro,
en el labio ensangrentado
y los dedos azules. 
Huid con risas y zancadas de barro
hasta que el pupitre ancle
vuestras alas al mar de madera y tinta [...]
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BajAmar Editores (Gijón, Asturias) nos trae este breve poemario, casi plaquette, de la joven Paula Díaz Altozano (Madrid, 1990), licenciada en Periodismo y Comunicación Política que, entre su brillante currículum, cuenta con premios y menciones por su labor como relatista en el ‘VIII Certamen Literario Zamora Vicente de la Universidad de Nebrija’ y el ‘IX Certamen Universitario de Relato Corto Jóvenes Talentos Booket-Austral’, respectivamente. Además, ha editado el poemario ‘A orillas de París’ con Ediciones en Huida y colabora en distintas revistas culturales como ‘La Grieta’.

                ‘Ríos de carretera’ nos sitúa en un vehículo o sobre nuestros pies siempre en línea recta, pero esta vez no analizamos el amor o los típicos temas de la poesía, sino que nos adentramos en lo figurado. Sus versos se alzan como grandes edificios de hormigón y metal, caminando entre el surrealismo y el expresionismo con el que Lorca ya nos deleitó en su Poeta en Nueva York (1940), una de las influencias mencionadas en su prefacio al citar el verso “Asesinada por el cielo” que nos adelanta tres características principales de los 17 poemas: lo geométrico, la plasticidad y el predominio de la sensación a través de la adjetivación.

  

Los textos que lo componen abren con el prefacio ya mencionado, en que la yo-caminante ya se encuentra observando los edificios y el cielo, aunque la prisa domina siempre a la gran ciudad y parece imposible el reposo, por ello, aparecen impasiblemente el asfalto, la carretera, el cristal o el tiempo. Por ejemplo, en 1, la descripción de la ciudad se puebla de ventanas y costumbrismo en la ropa tendida, el humo de los cigarrillos o las migraciones de las aves para situarnos en un escenario ciertamente agobiante e incluso triste; mientras en 2 nos acerca un mundo onírico donde parece que el dibujante configura el mundo, que no es más que la realidad, con imágenes tan potentes como: “gotean langostas/ en las aceras”.

                Conforme avanzamos, vemos las diferentes gentes que pueblan las escenas de la ciudad y un sinfín de momentos cotidianos expresados con la mayor belleza, como el nacimiento, “el mismo aullido/ que han dado las mujeres/ en sus camas/… polvo de leche/ y un montón de cartones” (3), que se alinea con la presencia de la infancia jugando en varios poemas y las sensaciones de luz propias del paso del día, como la que aparece en 6 sobre el reflejo: “Un pez plateado recorre marcas de asfalto”, las mismas marcas que se repiten varias veces como “regueros de azúcar” u “ovillos de lana”.

Gracias a la reiteración de pequeñas imágenes, todo va perdiéndose y encontrándose en la ciudad, los exteriores y la carretera -de su título- imbuyéndonos en un mundo lleno de vida y de creaciones humanas que en su inmensa belleza pintan un cuadro que juega con el matiz gris de los días y el matiz vivo de la felicidad. Por todo ello, y todo lo que cabe descubrir, os recomiendo esta breve pero intensa lectura que se dibuja de forma personal en cada mente.

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