“La revolución mediática”, una lectura cuestionable de ‘Excepción’

La verdadera revuelta se libra todos los días; leyendo este libro usted participa de esta gran guerra. elige tomar parte. parte por quiénes?

Página 80

¿Quién es Elizabeth Duval?

            Elizabeth Duval, autora de ‘Excepción’ (Letraversal, 2020) y ‘Reina’ (Caballo de Troya, 2020) y estudiante de Filosofía y Letras, es una intelectual transexual perteneciente a la Generación Z que nos hace cuestionarnos el papel del lector en este siglo, la interpretación de la realidad, el sobresaturado mundo editorial y todo aquello en lo que el sistema introduce sus garras mediante la educación y los medios, incluso en nuestra identidad y en cómo sentimos el amor.

Foto extraída de: masdecultura.com

‘La génesis en un fuego’

Toda revolución actual será televisada, denostada e infinitamente analizada por millones de tertulianos y espectadores, que convertidos en receptores pasivos, asistirán al encendido del fuego -como si de los JJOO se tratase- para incendiarse a sí mismos al juzgar a otros, ejerciendo su libertad: la democracia. Por ello, cuando entramos en ‘Excepción’ como lectores, no dejamos de estar sujetos a un Estado de Alarma -valga la redundancia- que reflexión tras reflexión nos inserta en las “revueltas independentistas catalanas de octubre” y, a la vez, en un fuerte cuestionamiento sobre la interpretación y estado actual del mundo del texto-libro. Podemos hablar de dos poemas en uno o de un sólo poema, en el que la revolución parte del hecho de subvertirnos al sistema: ‘leer’, ‘amar’ y ‘cuestionar’ son para mí las claves de la subversión.

La autora nos introduce en tres momentos simultáneos: las revueltas, el reencuentro amoroso y la génesis del poemario. Podríamos decir que en la primera parte ‘La rosa florecerá en fragmentos audiovisuales’ nos hallamos ante la rosa que nace en el fuego, aquella de la que también habló Huidobro, ella es el poema y el discurso. En este principio frente al poema de amor, el aeropuerto como frontera y diálogo, se extiende simultáneamente un poema de la revolución, el fuego de la primera persona de la humanidad y como este constituyó la primera traición del mismo ser humano a la civilización: su fin. La intertextualidad con el mundo audiovisual es evidente, pues nos hallamos ante el diálogo de las artes.

A continuación, en ‘Todos los fuegos anteriores’, asistimos a las primeras cargas contra la Historia de la Literatura o el Estado de Derecho, aparece la brutalidad policial y en esos “malos tiempos”, se produce el reencuentro, amar en medio del sufrimiento, mientras se asiste a la condena televisada de todo un pueblo que clama su verdad. En esta parte, podemos sentir la adrenalina de la revolución, se suceden las onomatopeyas y la aparición de la barricada en mayúsculas que volverá a aparecer más adelante y servirá como protección. El discurso va cambiando de sangría, de forma, de estilo para proporcionarnos ese aspecto gráfico y desordenado de lo que es nuestro sistema.

La tercera parada, ‘Estado de alarma de excepción de sitio’, nos lleva a la condición natural que el pueblo ha olvidado por una vida más acomodada y una falsa “seguridad” que nos proveen las instituciones, mientras la muerte nos asola y el mar y el agua se convierten en el féretro y la promesa. Estamos ante la posverdad, el juego de los medios y el Estado, y la necesidad de despertar con un fuego o una palabra que ilumine la noche en la que vivimos.

En la cuarta parte late el corazón perdido del europeo sin patria que asiste a múltiples cambios sin consistencia real, sin justicia real en que la muerte es un juego como las privaciones: un pasaporte europeo recoge/ entre susurros los desperfectos europeos. Y en la quinta parte, antes de los Anexos, en que la manifestación vuelve a tomar forma y todas esas promesas de la posmodernidad caen sobre nosotros, las redes como espacio y los espacios como decadencia, en los que el propio poema absorbe los mandatos de la democracia y la voz del yo se alza como arma al profetizarlo.

Pero la vida no acaba aquí, no con la poeta subida al estrado, pues los subterfugios son parte de todas las decisiones y, por ello, los tres anexos subsiguientes deben ser leídos y transformar una lectura difícil y multiforme en sí misma, que ofrece nuevos matices en sus posteriores recorridos. Como ya apuntaba, en el Anexo I nos introducirá en una secuencia potente y frenética que cuestiona la industria editorial y artística, la sobrepublicación y nuestra huella de carbono, introduciendo al lector en estas cuestiones, haciéndonos también partícipes de un contexto donde aparece otra vez el primer fuego y su interminable arder, ¿qué sería de nosotros sin el arte?

El arte de la literatura, a pesar del contexto, es belleza léxico-semántica, es un juego que se muestra, se siente y se expone, como apunta el Anexo 2 (estilo facsímil), en que los conceptos entran y salen, la realidad entra y sale. Finalmente, en el Anexo 3 ‘El lenguaje militarizado’, vuelve el amor/guerra, la palabra/arma, la dicotomía infinita y la revuelta de aquellos que intentan ser silenciados y el juego de los políticos con su lenguaje de la posverdad, que no es más que una realidad disfrazada al pueblo, acabará siempre todo con el silencio, bajo cada una de las barricadas que a base de porrazos terminan, que en cada retroceso nos llevan a la cueva y nos muestran que la lucha será sincera y colectiva o no será.

En ‘Excepción’, no hay ninguna excepción, el lector es importante para cuestionar(se) todo, para que el momento tome forma y no quede como anécdota, desde la misma conciencia de la voz, sabemos que más allá del poder incendiario del libro como combustible, no tendrá más elogio o polémica que la que deseen los medios; y, sin duda, estamos ante un paradigma de poesía revolucionaria y visual, en la que el caos tiene un orden lógico y se interpela para incomodarnos, para ponernos en alerta.

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