‘La écfrasis del poeta-pintor’, una lectura de Artefactum

Volvemos a pasear por el estudio de David González Lago (Córdoba, 1981) con ‘Artefactum’(BajaMar, 2020), esta vez no desde la poesía en verso, sino desde la palabra poética que se torna prosa y caballete, tinta y pincel, en un juego narrativo que desde un yo-pintor -externo a la biografía- analiza el mundo del arte desde la génesis de la obra hasta el apocalipsis de la galería y los focos. Esta vez, prologado por Pedro Alberto Cruz Sánchez, Catedrático de Historia del Arte de la Universidad de Murcia, que, como el autor también profesor de Historia, nos adentra en el ut pictura poiesis de Quintiliano: “como la pintura así es la poesía”.

            El pintor toma sus herramientas y empieza a presentarnos en “I” su mundo y su verdadero autorretrato mediante textos breves, de lenguaje directo y poético, con la intención clara desde su propio título. Mancha su pincel sin miedo para expresar que el objeto artístico es un artefacto que estalla en las manos del espectador; o él mismo se convierte en alambique mediante el símil pues pasa la realidad por sus ojos, la obra es ambigua y no es agradable a todos. En esta parte, ya nos habla de haber rozado el éxito en ARCO, de haberse anclado en un estudio, de sus referentes modernos y de lo que representa la pasión como creadora o destructora en la obra. Él es un animal nocturno, un volcán que da su lava a otros, una gota de sudor cuerpo-geografía que se convierte en pintura.

“Todo artefacto es un volcán durmiente”

            En “II”, la paleta y el caballete toman el protagonismo para hacernos formar parte del proceso creador. El arte sale de la mano, el lienzo captura el color, a esa musa que te asalta o se marcha sin previo aviso. Asume que ser prolífico tiene que ver con la constancia, es un cauce donde uno se cruza con impostores o artistas multidisciplinares a los que es mejor no clasificar. La poscrítica artística va avanzando: clasifica, juzga o no genialidad, indica el arañazo, cuál es el canon del momento. Él es un pintor sin tapujos, humilde, sin tapujos que no acepta halago, que no vende una imagen, que ve su obra siempre a medias frente a la crítica.

            En “III”, su bata se convierte en el mapa y objetivo. Los ojos muestran el interior de la vivienda, pero lo que acertaron a llamar autorretrato, no lo es, no muestra la mutación humana. Ese éxito de la obra premiada, resulta perturbador frente a la meta de crecer en la disciplina, de tratar de no escuchar a los medios y pasar más horas gestando la idea, usando títulos descriptivos y directos. Él se siente privilegiado por tener un espacio propio, eligió nacer para lo abstracto y lo desconocido, su triunfo es no haber creído en la fama temprana, saber que el “fracaso” acecha.

            En “IV”, paseamos por la galería, y esos monólogos interiores muestran la exposición y al público. Se anuncia la feria, el nuevo comienzo, se muestran los juegos hipócritas entre los asistentes y el pintor, unos compran arte para presumir, otros solo van a apreciarla o a quedar atrapados, otros la odian. Y nos lanza preguntas sin contestación: ¿es la obra figurativa mejor que la abstracta aparentemente vacía de sema? ¿Existe la fantasía de que la crítica dé con la intención del autor o con su ausencia?  

            Y cierra con un díptico en “V” que aclara:

           Busque más evidencias que belleza.

Algo hallé por el camino.

P. 65

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s